Con la entrada del otoño, no somos los únicos que cambiamos el vestuario de nuestros armarios. Empiezan las lluvias (en unos sitios más que otros), el sol se calma y la tierra se prepara para acoger los frutos típicos de la temporada.

La naturaleza y el cuerpo humano son sabios, y en cada estación irán ofreciendo lo más adecuado para nuestra salud. Por esto, siempre que se pueda, se aconseja comer según el calendario para asegurar que el cuerpo recibe los nutrientes que necesita para combatir diferentes situaciones como frío, calor, alergias estacionales, etc.

Por ejemplo, los frutos típicos del verano como la sandía y el melón, que además se dan muy bien en nuestra tierra, son ideales y hasta parecen perfectamente diseñados para el intenso calor del verano por su poder refrescante. Por un lado, al estar compuestos fundamentalmente por agua hace que con ellos podamos calmar la sed e hidratarnos a la vez, y por otro las sales minerales que contienen estas frutas son “casualmente” aquellas que se pierden al sudar y que por tanto nos ayudarán a reponerlos tras el deshidratante calor del verano, especialmente cuando se hace deporte.
Con la llegada del otoño las necesidades corporales son diferentes. Ya no es tan importante reponer sales minerales como estar protegido inmunológicamente frente a los típicos resfriados que ocurren al primer contacto con el fresquillo o las alergias estacionales.

Veamos esto con algunos ejemplos de frutas y verduras que nos ofrece la estación que hoy comienza:
Mandarina. Primero son estas y luego las naranjas las que llegan para protegernos especialmente frente a los refriados estacionales. Septiembre es un mes donde el cuerpo está muy susceptible de acatarrarse por el cambio de temperatura y de rutina. El verano deja el organismo por un lado recargado de energía tras las vacaciones, pero por otro debilitado tras los excesos en las comidas con tantos helados y vida en los bares propia del verano. Esto, junto con la vuelta a la rutina, al cole y a los trabajos, hace que al sistema inmune le de un pequeño “bajón” y se vuelva más propenso a enfermar.

Por esto la vitamina C que generalmente contienen los alimentos de otoño como la mandarina, naranja o kiwi, es esencial en esta época. Todos habremos escuchado que el zumo de naranja previene los resfriados y es porque esta vitamina está involucrada en el fortalecimiento del sistema inmune y, aunque no es milagrosa y no evitará en todos los casos el resfriado, sí ayudará al organismo a estar más preparado para combatirlo.
Espinacas, acelgas y col. El otoño es la época del verde, de los alimentos con clorofila y hierro que nos ayudarán a depurar el organismo tras los excesos del verano y a recuperar energía. Ya empiezan las verduras que se pueden cocinar, tomar en caliente; ya apetecen menos los alimentos de frigorífico y más los de temperatura ambiente o cocinados. En cualquier caso se recomienda que al menos la mitad de las verduras consumidas al día sea en crudo para asegurar un aporte de aquellos nutrientes que puedan perderse con el calor, como ocurre con la vitamina C.

Calabaza. Esta es la cara de Halloween y un alimento ideal para perder los kilos acumulados durante el verano mientras se cuida la salud. Se puede considerar una patata con muy pocas calorías por su textura más densa, que permite una mayor sensación de saciedad. Curiosamente contiene calcio, mineral poco común entre vegetales y muy útil tanto en niños en edad de crecimiento como adultos generalmente a partir de los 50, sobre todo en los intolerantes a la lactosa que tienen que buscar fuentes alternativas de obtener calcio. Por su color sabemos que es rica en carotenos, pigmento naranja típico de las zanahorias o caqui, que nos ayuda a proteger piel y ojos. En otoño la piel se reseca más con la llegada de la calefacción y cambios de temperatura.

Y así pasa con el resto de alimentos que nos ofrece nuestra tierra a través de todas las estaciones año tras año, sirviéndonos en cultivos diferentes nutrientes diferentes y platos diferentes.